A las 7:35 a.m., descargas tu cuerpo cansado sobre el mío
antes de despegarlo, despacio, como un apósito.
A las 8:40 te vas corriendo a casa y te haces un café de sobre.
A las 9:45 lo tomamos por fin, frío.
Me termino la media taza que dejas.
A las 10:50 ya estás sin aliento.
Vivo para cada uno de nuestros solapamientos.
Cuando llegan las 11:55 me paso el minuto entero convenciéndote para que te quedes.
Nunca lo haces.
Al mediodía te pongo manos sobre los hombros y digo: “Nena,
te estás quedando canija. Tanto correr y dar vueltas y apenas sentarte a comer”.
A la 1:05 me cuentas que, mientras estabas fuera,
15 300 niños vinieron al mundo.
A las 2:10 no dices palabra,
solo entras y me besas durante sesenta segundos.
A las 3:15 nos sentamos en silencio, escuchando la lluvia caer en todas partes
del mundo a la vez: 15 300 toneladas.
A las 4:20 damos unas caladas al canuto que guardo en tu oreja.
No te tragas el humo.
A las 5:25 quedamos para la
happy hour.
Mi cuello está salado, tengo una rodaja de lima entre los dientes,
tomamos un chupito de tequila sentados en el bar.
A las 6:30 oigo el tictac.
Cuento los latidos de tu corazón como los segundos entre dos truenos.
A las 7:35 te veo de lejos,
cada segundo es una mala broma hasta que caes sobre mí.
Siempre nos amamos rápido y nunca me dejas retenerte.
Sueño con beberte a través de una pajita.
A las 8:40 ves cómo mi barba crece 0.00027 centímetros.
A las 9:45 no hablamos.
Demasiada gente ha muerto desde la última vez que nos vimos.
A las 10:50 rezamos por que caiga un meteorito,
o que al menos algún crío torpe derrame azúcar en la maquinaria.
Las 11:55 es mi preferida.
Solo nos separan meros minutos.
Pero a medianoche te disculpas sesenta veces
porque siempre va a ser así.
A las 1:04 a.m. ya estoy durmiendo.
Es agotador amar a alguien
que no para de escapar.

what the hour hand said to the minute hand - megan falley